Sobre este episodio
La crónica social de la segunda mitad del siglo XX tuvo en la escultora Marisol Escobar a una de sus corresponsales de más alto nivel, cuya finísima ironía, humor y aguda crítica pocas veces ha sido superada. De padre venezolano y madre francoamericana, Marisol nació en París en 1930, ciudad en la que estudió artes, y vivió buena parte de su vida en Nueva York, en tanto visitaba Caracas eventualmente. En la “Gran manzana” participó del arte pop, movimiento que proponía un nuevo lenguaje estético mediante el empleo de elementos populares, de uso cotidiano. En esas andanzas, conocería a Andy Warhol, con quien establecería cercana amistad: ella lo haría motivo de algunas de sus obras, y él la filmaría para dos de sus películas experimentales. Las esculturas de Marisol Escobar están compuestas por cajas de madera que, en conjunto, conforman una especie de collage tridimensional o instalación. En sus superficies se aprecia la tosca veta, a menudo intervenida por un dibujo académico que dispara el efecto de tridimensionalidad, cuando no están patinadas con colores primarios. Adicionalmente, Marisol suele adherir, con libertad absoluta, objetos tomados de la cotidianidad, y también su propio rostro en máscaras de yeso, fotografías o ilustraciones, acrecentando el aire enigmático de estos volúmenes. A través de la representación de gente común y de iconos de la sociedad —ídolos del cine, magnates, héroes de la farándula, políticos—, Marisol reflexiona sobre la vida social y los roles que en ella desempeñamos. Las cajas de sus hieráticos personajes se convierten en rígidos corsés que remiten, con cáustico humor, al encajonamiento en que se encuentran sumidos; mientras, soterradamente, late una contención que clama por salir. Al mirar más allá del colorido y la vistosidad de estas figuras, nos percatamos de la soledad y el vacío existencial que emanan. Entonces el diálogo entre obra y espectador se torna ontológico, pues el vacío de las cajas-personajes refleja el nuestro, los roles desempeñados por ellas señalan el nuestro, por humilde o majestuoso que sea, en este gran teatro del mundo. Marisol representó a Venezuela en la Bienal de Venecia, expuso su trabajo en varias oportunidades en el país, y realizó no pocas esculturas para espacios públicos. Al igual que en Estados Unidos, donde recibió tres doctorados honoris causa de reputadas instituciones, y fue nombrada miembro de la Academia de las Artes y las Letras, además de ser homenajeada con portadas en la revista Time. Sin embargo, con todos estos méritos a cuestas, extraña la poca difusión de su obra en la actualidad, tan necesitados como estamos de un espejo que nos refleje. Escrito y narrado por Álvaro Mata